El arte de hacer negocios
Nos adentramos en la jungla de ARCO en la jornada del viernes, la primera de puertas abiertas al público en general: los dos primeros días están dedicados en exclusiva a los profesionales: galeristas, artistas, periodistas, comisarios, asesores artísticos y, sobre todo y en definitiva, a la figura que importa, al verdadero protagonista, a ese oscuro objeto de deseo, al que mantiene todo este tinglado en pie y corta el bacalao: el coleccionista. Por eso el viernes, cuando la mayor parte del pescado está vendido, los galeristas ya están mucho más tranquilos y, los que han conseguido colocar su obra, muchos más contentos. A estas alturas ya se puede hacer un juicio preliminar de cómo ha ido la feria en cuestión de ventas mirando los puntos rojos que se colocan a lado de las obras vendidas. Y lo cierto es que, a falta de resultados oficiales mientras se redactan estas líneas, muchos de los galeristas se mostraban bastante satisfechos.
El caso es que no queremos desanimar al personal, por eso explicamos ahora por qué ustedes deben ahorrar lo que buenamente puedan e invertir en arte. Pues porque, al existir demanda y no estar relacionado con los mercados bursátiles, el arte es un valor bastante seguro en los turbulentos tiempos que corren, que le puede servir para conservar su patrimonio y, eventualmente, ganar un dinerito. A los que saben de esto les gusta contar la metáfora de que la misma noche de la caída de Lehman Brothers, en la casa de subastas Sotheby’s de Nueva York se batió un record histórico con la venta de obras de Damien Hirst por un valor de 201 millones de dólares, aunque esto, si lo piensan bien, no quiere decir nada. Lo que tal vez tenga más valor sea el 11% de rentabilidad media que consiguió el mercado del arte en 2011 según el Financial Times, frente a la atonía de los otros mercados. “Como la demanda no sigue los ciclos de los mercados financieros, el arte cumple perfectamente el objetivo de aportar diversificación, mantener una baja correlación con otros activos financieros y, por tanto, mitigar el riesgo global de las carteras”, según escribe Carmen Reviriego en su libro de reciente aparición El laberinto del arte (Paidós).
"Los galeristas,
aparte de confusos,
andan algo cabreados,
porque la cosa no
es tan buena como
se esperaba"
Volviendo a la prosaica tierra: ARCO coincidió con el salón Aula, dedicado al estudiante, por lo que el ambiente de Ifema era más bien de macrobotellón sin alcohol, con toda la chavalería tirada por los suelos, comiéndose el bocata por los alrededores del recinto ferial. Cabe destacar el hecho de que las Fuerzas Armadas habían colocado un tanque allí enfrente en plan golpe de Estado (cosa muy apropiada por la fechas) pero con el inocente fin de enseñar a las tiernas mentes de la juventud la belleza de las armas más poderosas y sofisticadas. Había también bastantes jóvenes paseándose por la feria con la cara malamente pintada de payaso asesino. Ignoramos la razón, pero tenía su gracia.
A modo de anécdota personal, quien esto firma sufrió un notable bajón de tensión a mitad de la visita y un mareo mantenido durante el resto de esta, que transcurrió a base de sobres de azúcar bajo la lengua. No se sabe si fue provocado por el ajetreo y el calor, o por puro Síndrome de Stendhal. Una prueba más de que el periodismo cultural también tiene sus riesgos.
En ARCO, sobre ARCO, escuchamos muchas cosas, que qué bien, que vaya mierda, que se nota un aumento de obra pictórica, que se nota cierto abandono del compromiso político… En fin, a continuación una selección de las cosas más bonitas, más curiosas, más raras o más absurdas que nos encontramos en nuestra peripecia ferial.
Un señor oriental
¡Hasta el recorte siempre!
Arte tras el ictus
¿Revelación o timo?
El bosque ordenado
La maqueta del Fin del Mundo
Color y ya
El torero sin la flamenca
¿Es arte un extintor?
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